Somos muy dados, yo el primero, a poner el grito en el cielo cuando vemos un bache, una farola fundida o algo que no funciona en nuestro pueblo. La crítica es necesaria para mejorar, sí, pero creo que es de justicia (y de ser gente agradecida) saber reconocer cuando las cosas se hacen bien. Y este año, con el alumbrado navideño, el Ayuntamiento ha dado en el clavo.
He estado paseando estas últimas noches por nuestras calles principales, recorriendo la Gran Vía, el Paseo de las Flores, el Recinto Ferial y los barrios aledaños, y sinceramente, la sensación es inmejorable. No se trata solo de poner bombillas porque toca; se nota que ha habido gusto, ganas de engalanar Isla Cristina y un esfuerzo por crear ese ambiente mágico que tanta falta nos hace a veces.
A menudo le damos cera a la gestión municipal por mil motivos, pero al César lo que es del César: el despliegue de luces de este 2025 es un acierto rotundo. Da gusto ver a la gente paseando, sacándose fotos y llenando de vida los comercios locales bajo este techo de luz. Porque al final, un pueblo bien iluminado no es solo estética; es ilusión para los niños y un empujón anímico para todos nosotros.
No todo va a ser crítica negativa. Cuando se gestiona con acierto, cuando se invierte en embellecer nuestras calles y el resultado es el que estamos viendo, hay que decirlo alto y claro. El equipo de gobierno y los operarios que se han currado la instalación se merecen un “chapeau”.
Isla Cristina luce preciosa estos días. Así que, aparquemos por un rato las quejas cotidianas y disfrutemos del paseo, que nuestro pueblo, cuando se pone guapo, no tiene rival.
Enhorabuena a quien corresponda. Así, sí.















